Foto de la portada del libro: Lo que veo mientras duermo.

Debut

Mano emijo. Saludando con una animación muy suave.

Lo que veo mientras duermo.

Comprar

Primer capítulo:

En exclusiva para los lectores de mi web, el primer capitulo de mi primera entraga: Lo que veo mientras duermo.

La noche no llega de golpe. Se instala. El ruido baja y la casa empieza a sonar distinta. El aire pesa. Me hundo en el colchón. No estoy ahí. El pecho se cierra. Respiro, pero el aire se queda a mitad de camino. No es pánico. Es la advertencia.

Sé que no debería cerrar los ojos. Los cierro.

El suelo ya no es madera. Es baldosa vieja, húmeda. Huele a encierro y a metal. Al fondo, una ventana deja entrar una luz torcida. Aquí siempre es madrugada.

Miro mis manos. Tardan en aparecer. No son las mías. Son más grandes, más firmes. La derecha empuña un cuchillo. Lo agarro con seguridad. No tiembla.

Página 01

Camino por un pasillo estrecho. Sé a dónde voy. El sonido de mis pisadas es controlado. El pulso no se acelera.

La puerta está entreabierta. Dentro, la calma. Una cama deshecha. Alguien duerme. Me acerco. El suelo cruje una vez. El cuerpo se mueve apenas. No despierta.

La hoja refleja la luz. No hay prisa. El primer corte es preciso. La resistencia es mínima. La sangre aparece rápido. El olor lo inunda todo.

El cuerpo reacciona tarde. Se tensa. Se agita. No sirve de nada. Ajusto la presión. Mantengo el ritmo. Los ojos se abren de golpe. Buscan algo que no está.

Página 02

El reloj marca las 02:51. La respiración se rompe. El cuerpo cede. Se queda quieto. Bajo el cuchillo. La habitación vuelve a ser solo una habitación.

No hay alivio. Es otra cosa. Más fría. Un trámite cerrado. Miro mis manos. No hay culpa. Solo el vacío.

2:52. Parpadeo. Vuelve el techo. La grieta. La luz anaranjada de la farola. El pecho sigue cerrado, pero el corazón va desbocado. Llego tarde. Estoy empapado en sudor.

Respiro de golpe. Estoy en mi cama. Y lo sé.

Página 03

3:02. Despierto jadeando. El aire golpea mis pulmones como si alguien hubiera abierto una escotilla. Me incorporo. El mundo tarda unos segundos en encajar. Sudor y sábanas pegadas. El colchón está frío, pero yo ardo. El corazón golpea sin ritmo.

Miro la grieta del techo. Sigue ahí. No ayuda. Busco el móvil. Los dedos están entumecidos. La pantalla me ciega. 2:53. Siempre es después. Nunca a tiempo.

Trago saliva. Sabe a metal. A miedo. Respiro hondo. Intento convencer a mis músculos de que ha pasado. De que es otro episodio. Miento.

Me quedo sentado. Escucho Madrid tras el cristal. Un coche. Un perro. Cierro los ojos y la imagen vuelve. Nítida. El pasillo. El cuchillo. La sangre.

Página 04

Me levanto. El suelo parece a punto de ceder. En el baño, la luz blanca es cruel. Me miro en el espejo. Treinta años. Ojeras. Barba de tres días. No parezco un asesino. Eso me aterra todavía más.

Abro el grifo. Agua helada en la cara. Me apoyo en el lavabo y dejo que corra. El sonido me ancla. Aquí. Ahora.

Miro mis manos. Limpias. No hay rastro de ella. Pero noto un cosquilleo entre los dedos. Como si aún recordaran el peso del acero.

Vuelvo a la habitación. 02:56. El tiempo no se ha detenido. El mundo sigue girando como si yo no acabara de matar a alguien.

Página 05

Me repito el mantra: parálisis del sueño, estrés, insomnio. Mi mente jugando sucio. Pero nunca con esta certeza.

Me tumbo boca arriba. No quiero pensar en las noticias de mañana. No quiero imaginar los titulares. Aprieto los dientes. Intento olvidar. No puedo.

Todo está ahí. Ordenado. Esperando. Una idea se abre paso. Lenta. Firme. ¿Y si no estoy soñando? ¿Y si lo que veo está pasando de verdad?

Abro los ojos. 3:02. No vuelvo a dormir.

Página 06